21 abril 2005

¿Qué tal sonreir más?

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Escuché esta mañana un programa de divulgación en TVE2. Hablaban de “la sonrisa”. De la necesidad –incluso vital- de sonreir.
Y escucho que, un niño, sonríe unas 90 veces al día. Un adolescente lo hace del orden de 20 veces diarias. Y un adulto ¡ay, un adulto!, apenas llega a las 10 y además sus sonrisas no siempre están originadas por la satisfacción. Y, aunque sabido, me sorprendió escuchar como si acabara de descubrirlo: "en los comienzos de su vida el bebé no puede ver, en cambio sonríe." ¡Cierto, sonríe!. Y es que la sonrisa está motivada por las emociones, viene de dentro, no precisa de estímulos externos.

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La sonrisa abre, abre siempre, nunca cierra puertas. Una sonrisa es bien recibida en cualquier situación. Siempre, si es una sonrisa sincera.
Expresamos con una sonrisa emociones muy diversas: timidez, o ironía, o complacencia, o está la sonrisa abierta, o la sonrisa forzada, o la cómplice, o la sonrisa social...
Rompe hielos, abre puertas, crea confianza, destruye barreras. Sin necesidad de tan solo una palabra.
Pero es que, además, la sonrisa proyecta sus efectos benéficos también en sentido contrario: de fuera a dentro. Encarar el día y sus situaciones sonriendo, recarga nuestras provisiones de confianza y de optimismo.

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Recordé aquel poema (¿de quién era?): “Una sonrisa no cuesta nada... (...) si alguna vez encuentras en tu camino a alquien que no sabe sonreir, regálale la tuya. Porque nadie está tan necesitado de una sonrisa como aquél que no sabe darla”.
Pero además, (esto ya lo sabíamos), la sonrisa pone en funcionamiento a 80 músculos de la cara. ¿Que crea arrugas? Siiii claro, sí, sí. Pero... quizá en este caso sea verdad aquello de que “la arruga es bella”. Fruncir el ceño también las crea y... ¡no vamos a comparar!

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