13 marzo 2006

Para sentir deseos de volver

Hoy he caído en la cuenta...
Necesito una pausa.
Parar para echarlo de menos y... sí, volver.

Pero antes de pulsar esta tecla, pulso la que se encarga de haceros llegar a todos este abrazo cariñoso que os envío.


11 marzo 2006

La sonrisa del sábado

¡Si es que las nuevas tecnologías están acabando con los viejos oficios!!

08 marzo 2006

Lo insólito

¿Está buscando casa y ha encontrado en venta justamente la de sus sueños?
El precio le conviene, las vistas son tal como soñábamos, el lugar es precisamente el que queríamos... en fin, como hecha a medida...
Bien, pues nada de confiarse... la letra pequeña del contrato de compra-venta puede contener alguna cláusula que ni el más desconfiado podría sospechar.
Vigile que no le venden la casa con huesped incluido. No, no me refiero a un fantasma.


"La mansión, propiedad del difunto padre de Liza, Vincente Minnelli, se la cedió en herencia, pero con la única condición de que su viuda, Lee, permaneciese en la casa por el resto de su vida"

Y es que el cumplimiento de una "última voluntad" es sagrado.

06 marzo 2006

Cada vida

Ayer, aún ponían una nota natural y bellísima sobre aquella mesita. Se alzaban (aunque ya con esfuerzo), ofreciendo generosamente a nuestros ojos todo lo que poseían: su colorida belleza. Y lo hacían con la generosidad del que sabe que con ello está cumpliendo con su misión en la vida.
La suya, su misión, era esa: ofrecer belleza para ser disfrutada. ¡Y con qué generosa y total entrega la llevaban a cabo!
No sé si ellas podían sentir el disfrute que proporcionaban
No sé si ellas podían sentir que en tal empeño estaban terminando con su vida. Al día siguiente, exhaustas ya, doblaban hacia abajo sus pétalos aún esforzados en tersura.

Y ella las sacó delicadamente del jarrón. Las tomó en sus manos con cuidado y la vi salir al jardín. Se dirigió hacia la caseta donde reposaban las herramientas y eligió un pequeño azadón. La seguí.
¿Qué vas a hacer? –pregunté-
Devolverlas a su origen –me dijo-.

Me entregó las dos flores mientras allá, en un tranquilo extremo del jardín, cavaba un pequeño hoyo. Y me indicó que pusiera en él las flores.
Yo, que las admiro y las disfruto mientras son bellas, sé que las habría puesto en la bolsa de la basura.
Y en ese momento me avergoncé internamente.
Y en ese momento, “algo” me hizo sentir que, aquellas flores muertas que tenía en mis manos, eran los restos de una vida que se entregó desinteresadamente en la tarea de proporcionarme placer.
Y las deposité con inmenso respeto en el pequeño hoyo.
Mientras yo pensaba en todo esto, ella las cubría con la tierra de la que vinieron.

04 marzo 2006

La sonrisa del sábado

Bueno... un despiste lo tiene cualquiera!