17 junio 2008

Sólo hasta luego

Las actividades blogueras de "almena" y Cosas Nimias se toman la habitual pausa veraniega.

Deseo para todos un verano feliz.
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09 junio 2008

Picar y re-picar (divertimento)

Volver y revolver en las ideas,
sumir y resumir el pensamiento,
tirar y retirar el desaliento,
saltar y resaltar en las mareas.

Capacitar la mente mientras creas
y recapacitar, tomar aliento,
calar y recalar, ser brisa y viento,
parar y reparar sin más peleas.

Batir y rebatir si es necesario,
mediar y remediar cada penuria,
tener y retener sin avaricia,

citar y recitar mi abecedario,
pugnar y repugnar de cada injuria,
clamar y reclamar una caricia.
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08 junio 2008

Vuestro es


Mi siempre gustosamente leída Alemama, mira los comentarios que dejo en su blog con mirada amiga y extraordinariamente generosa. Y ha decidido otorgarme este "premio al comentarista".
Vuestro es. De cada uno de los que me acompañáis con vuestra visita y vuestras palabras. Cada uno de vosotros, sois el "mejor comentarista en blogs".
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03 junio 2008

De muertos muy vivos


La calle "Del Bonetillo" en Madrid, se ubica entre las de Mayor y Arenal a partir de la de Escalinata.

"¡Extraño nombre para una calle!", pensé mientras fotografiaba esta placa. Y encontré el origen de su nombre.

Cuenta la leyenda que, en época de Felipe II, en la Iglesia de Santa Cruz había un clérigo -Don Juan Henríquez- más conocido por su afición al juego y a las mujeres que por sus sermones. Y más conocido por sus correrías nocturnas con el príncipe Carlos, el hijo del rey, que por su actitud religiosa.

Preocupado el Cardenal Espinosa por tan mal ejemplo, en vano le recriminaba una y otra vez, de modo que ideó la forma de darle un escarmiento.

Una noche, cuando volvía de madrugada de una de sus correrías, al acercarse a su casa se encontró con dos filas de hombres que acompañaban un entierro. Cuál no sería su sorpresa, cuando vio que sobre el ataúd iba su propio bonete. Sorprendido, preguntó quién era el difunto que iba a ser enterrado. "Llevamos al difunto Don Juan Henríquez, el clérigo", le respondieron.

Como tampoco destacaba por su valentía, corrió a su casa muerto de miedo y se la encontró vacía, y en la sala principal una mesa cubierta con tapete negro y cuatro candelabros. Los vecinos comentaban en corrillos que acababan de llevarse muerto al dueño de la casa, al clérigo.

La leyenda no nos cuenta cómo durmió el clérigo aquella noche, pero sí que, a partir de entonces, llevó una vida ejemplar.

Su bonete, fue colocado por los burlones vecinos en el tejado de su casa y la gente comenzó a llamar a su calle "la del bonetillo".

Dicen que al final la casa se derribó porque después de él nadie quiso habitar casa con tan mala fama...
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