El día 13 de aquel febrero de 1837, Mariano-José de Larra decidió que no merecía la pena seguir viviendo y apuntó directamente a su sien.En su sepelio, un joven e incipiente poeta llamado José Zorrilla leyó una sentida elegía que había dedicado al infortunado Larra.
(...) Ésta será una ofrenda de cariño
más grata, sí, que la oración de un hombre,
pura como la lágrima de un niño,
¡memoria del poeta que perdí! (...)
¿"Sentida" dije? ¿o quizá un acto interesado? ¿imaginaba el entonces joven poeta vallisoletano que ese gesto actuaría para él a modo de trampolin?
Joaquín Massard, compadeciéndose del hambriento Zorrilla, que entonces compartía una escuálida buhardilla con la familia de un cestero, le invitó a hacer unos versos en recuerdo del llorado costumbrista, los cuales -le decía- podían insertarse en la prensa periódica; y aun al mismo Massard no se le ocurrió hasta última hora, después que habían callado los demás oradores y poetas que participaron en las exequias de Larra, la posibilidad de que también se leyesen allí los versos de su desgraciado amigo.
Sobre todo teniendo en cuenta esta casi fallida oportunidad, considérese la habilidad con que Zorrilla sabe sin embargo aprovecharse de ella para salir de la nada y aparecer como misterioso profeta ante la sorpresa de todos, como si sólo él pudiese hablar por todos los dolientes, envuelto como estaba en ropa prestada desde los pies hasta la cabeza -ni siquiera su gran corbata era suya- y «llevando -según nos dice- únicamente propios conmigo mis negros pensamientos, mis negras pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera» (Recuerdos del tiempo viejo, en Obras, II, p. 1.745). (CervantesVirtual)
Sea como fuere, no podemos sino congratularnos si ello sirvió para permitirnos hoy conocer a Doña Inés y a Don Juan. Si nos permitió disfrutar de la obra de nuestro gran dramaturgo.
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Actualización: Quizá la calle Fernandez de los Ríos de Madrid, donde está ubicada la placa de la imagen, haya quedado impregnada del genio de ambos literatos. Porque... allí nació Kike Sabaté cuyo verso destila un ingenio nada común.
Como éstos en los que él plasma su forma de ver este asunto:
Como éstos en los que él plasma su forma de ver este asunto:
¿Le importara al suicida literato
y se abriera un rincón aquel novato
achicando el elogio de otros genios?
El Fígaro se fue por el proscenio
en delirio de amor o en arrebato.
Paupérrimo el novel no fuera ingrato:
rompió su ayuno de más de un quinquenio.
Fue al cabo el epinicio catapulta
del joven insolvente e inspirado.
La cruel necesidad, a nadie oculta,
que sólo escapa quien es arriesgado.
¿Cometió la falta? Ya pagó la multa
El Parnaso lo dió por indultado.
Gracias, Kike, por tu genio, por tu ingenio, por tus aportaciones generosas y siempre espléndidas.
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