Este título crea una división
entre dos aspectos que nos acompañan a todos a lo largo de nuestra vida: las
obligaciones, derivadas de nuestra actividad laboral y de nuestra vida
familiar, principalmente; y las actividades que -en el tiempo que la
obligación nos deja libre- elegimos
atendiendo a aspectos que nos producen satisfacción, goce, bienestar interior y
que atienden principalmente a nuestros gustos e inclinaciones.
Teóricamente, sólo de la
obligación se derivaría -en ocasiones- una posible ansiedad si supera nuestras capacidades bien
de tiempo, de experiencia, de pericia, de formación, de ambiente…
Y, teóricamente también, la devoción,
las actividades fruto de nuestras aficiones e inclinación, vendrían a aportar
una experiencia satisfactoria, relajante, beneficiosa y, de algún modo, un
alivio para la posible ansiedad que la obligación pudiera causarnos.
Ocurre que, en ocasiones,
invertimos los términos y sus consecuencias, y acumulamos una y otra y otra devoción, de modo que termina
siendo la que interfiere en nuestro bienestar, incluyendo en nuestro estado de
ánimo ansiedad, agobio y preocupación y, además, haciendo que sintamos nuestra
obligación como la causa de nuestro malestar. En definitiva, achacando a
nuestros deberes -hasta ese momento satisfactoriamente desempeñados- la causa
de nuestra infelicidad.
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