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28 noviembre 2007
19 noviembre 2007
"Deshaced ese verso..."
De vuelta de un viaje este verano, estuve en Tábara, pequeña población de la provincia de Zamora de apenas 1000 habitantes, cuya plaza ostenta con orgullo un monumento dedicado a su hijo predilecto León Camino Galicia de la Rosa.Ese era realmente el nombre del poeta.
Allí nació León Felipe un 11 de abril de 1884.
"Sistema, poeta, sistema.
Empieza por contar las piedras,
luego contarás las estrellas"
Limpias y recoletas, las calles de Tábara, por las que ahora yo pisaba, me traían el pensamiento de que el poeta habría correteado por ellas en los días de su infancia. Y de que habría respirado el mismo aire limpio de la Sierra de la Culebra que yo ese día estaba respirando.
Los vecinos nos mostraban con orgullo el monumento que le recuerda y su Iglesia del S. XII construída sobre las ruinas de lo que fue el Monasterio medieval de San Salvador, en el que estuvo ubicada la Escuela de Miniaturas del antiguo reino de León.
La obra de León Felipe, a veces todo un impaciente canto de libertad, suele asociarse a la de Whitman.
Sólo la esencia del poema es poesía, piensa el poeta:
Deshaced ese verso,
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía.
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16 noviembre 2007
11 noviembre 2007
Perder la cabeza
Los restos de Francisco de Goya, fallecido en Burdeos en 1828, descansan en Madrid en la ermita de San Antonio de la Florida.El misterio... ¿dónde está su cabeza? En 1988, al exhumar su cadáver en Burdeos para ser trasladado a Madrid, se encuentra que le falta el cráneo.
Hay tesis que aseguran que el propio pintor cedió su cabeza a la ciencia para que fuera estudiada. Pero también hubo quien aseguró ser testigo de que Goya fue enterrado envuelto en una sábana y tocado por un sombrero de seda. Y abunda en esta hipótesis el hecho de que sábana y sombrero se encontraron con sus restos en 1888 al ser exhumado para su traslado a España.
Una tercera hipótesis, llama la atención sobre un cuadro del pintor Dionisio Fierros en el que podía verse una calavera sin mandíbula y una anotación en su reverso que indicaba: "Cráneo de Goya pintado por Fierros - 1849" (veinte años después de la muerte de Goya) y sobre la afirmación de la propia viuda del pintor Fierros, que aseguró que uno de sus hijos la llevó con él a Salamanca para sus prácticas en la Facultad de Medicina y se rompió en pedazos en uno de sus experimentos.
No han faltado historiadores -más románticos- que aventuraron la idea de que el cráneo de Goya podría quizá encontrarse junto a los restos de su amada, la Duquesa de Alba; hipótesis ésta ya descartada cuando en 1945 se practicó una autopsia a los restos de la Duquesa para determinar si murió de tuberculosis. No, tampoco allí se encontraba la "cabeza perdida"...
Fuentes: Colegio de Médicos de Córdoba
Revista "Historia de Iberia Vieja" en su número 29
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05 noviembre 2007
Mimar la tierra
Latir con ella.Podría considerársela como la primera gran defensa del Medio Ambiente contra las agresiones que los seres humanos le infligimos.
El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envíó en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy conforman el Estado de Wáshington. A cambio, les prometió crear una "reserva" para el pueblo indígena.
Los Suwamish se consideraban una parte de la Naturaleza, la respetaban y la veneraban, y desde generaciones venían viviendo con ella en armonía; por eso... no podían comprender la oferta del Presidente "¿Como se podía comprar y vender la Tierra? El hombre no puede poseer la Tierra, así como tampoco puede ser dueño del Cielo, del frescor del aire, del brillo del agua."
Los Suwamish se consideraban una parte de la Naturaleza, la respetaban y la veneraban, y desde generaciones venían viviendo con ella en armonía; por eso... no podían comprender la oferta del Presidente "¿Como se podía comprar y vender la Tierra? El hombre no puede poseer la Tierra, así como tampoco puede ser dueño del Cielo, del frescor del aire, del brillo del agua."
El Jefe Seattle dio respuesta, a la petición del Gran Jefe de los blancos, con un discurso que hoy -casi 150 años más tarde- nos admira y nos asombra. Lástima que nadie hiciera caso de sus sabias palabras.
"Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen". Pero se extinguieron sus palabras y se extinguió su pueblo.
"Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen". Pero se extinguieron sus palabras y se extinguió su pueblo.
Por la actualidad y la belleza de su mensaje, reproduzco algunos fragmentos de su respuesta.
Nosotros gozamos de alegría al sentir estos bosques. El agua cristalina que discurre por los ríos y los arroyos no es solamente agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos nuestras tierras debéis saber que son sagradas y enseñad a vuestros hijos que son sagradas y que cada reflejo fugaz del agua clara de las lagunas narra vivencias y sucesos de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz de mis antepasados.
Los ríos son nuestros hermanos que sacian nuestra sed. Ellos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras debéis recordar esto y enseñad a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que, por tanto, hay que tratarlos con dulzura, como se trata a un hermano.
La sola visión de vuestras ciudades tortura los ojos del piel roja. Quizá sea porque somos unos salvajes y no comprendemos. No hay silencio en las ciudades de los blancos. No hay ningún lugar donde escuchar cómo se abren las hojas de los arboles en primavera o el zumbido de los insectos. Quizá sea sólo porque soy un salvaje y no entiendo, pero el ruido de las ciudades únicamente ofende a nuestros oídos. ¿De qué sirve la vida si no podemos escuchar el grito solitario del chotacabras, ni las querellas nocturnas de las ranas al borde de la charca? Soy un piel roja y nada entiendo, pero nosotros amamos el rumor suave del viento, que acaricia la superficie del arroyo, y el olor de la brisa, purificada por la lluvia del medio día o densa por el aroma de los pinos.
Cualquier parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cualquier hoja de pino, cualquier playa, la neblina de los bosques sombríos, el brillante y zumbador insecto, todo es sagrado en la memoria y en la experiencia de mi pueblo. La sabia que corre por el interior de los árboles lleva consigo las memorias del hombre piel roja.
El texto completo puede leerse aquí.
(La foto que encabeza este post es la única conocida del Jefe Seattle. Fue hecha en los años 1860 cuando se acercaba a sus 80 años de edad) Fuente = Wikipedia.
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